26 febrero, 2006

 

Retomo la pluma


Después de haberme dejado caer en las delicias del "no hacer nada", tiempo que dediqué a la meditación profunda de mi ser interior y de la verdadera razón de mi existencia como designado, he llegado a la conclusión que este pueblo me necesita. Soy su guía espiritual dentro de tanto despelote organizado. Y como no existe otro ser tan iluminado como yo que asuma el rol de libre pensador que se necesita, pues, heme aquí nuevamente tomando mi pluma parker enchapada en oro para escribir algunas líneas a la ciudadanía que espera sedienta mis opiniones, ya que ellas son la luz que ilumina su camino por el transantiago.

Durante estos últimos meses en que los he abandonado, todo ha cambiado en el horizonte político nacional. Elecciones parlamentarias que modificaron algunas bancadas pero que en realidad solo barajaron el naipe y repartieron los mimos nombres en los mismos cargos, o sea, más de lo mismo.... pero, con una variante: la Concertación, hijos míos, posee algunos votos más para sacar adelante sus proyectos. Sólo algunos proyectos, querido pueblo, no olvidemos que para hacer cambios profundos como reformar la constitución se necesita un quórum alto que necesariamente se debe llegar a un acuerdo con la oposición para lograrlo.

Pero, el cambio más grande que tenemos en este momento es que una mujer ha llegado por primera vez a la presidencia de este país de raíces machistas endémicas.

Doña Michel Bachelet. La historia marca con profundo orgullo el día 11 de marzo en que asumirá el más alto cargo del gobierno.
Muchas son sus tareas por resolver, espero ansioso que la visión femenina de los problemas que nos acosan, pueda darle un vuelco a la manera de encararlos y resolverlos.

Desde mi confortable sillón de mimbre de Chimbarongo, reflexiono y no dejo de pensar en tantos próceres iluminados que se sentaron en el sillón presidencial con pleno derecho, sin olvidar otros que lo mancharon de sangre y contemplaron el alto precio que debimos pagar por sus malas decisiones.
Es el momento de abrir paso a la mujer para que aporte su capacidad organizativa.

Queridos súbditos de este designado, los llamo a esperar esta nueva era de gobierno con optimismo, el mandato será de cuatro años, período demasiado corto para ver las diferencias del mando, pero quedará la sensación que la delicada mano femenina ordenará tanta ineficacia en los mandos.
Que así sea...


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