10 marzo, 2006

 

Mi presidenta, tu presidenta, nuestra presidenta



Deambulaba esta tarde por el mall del Plaza Vespucio. La gente se aglomeraba frente a los locales de comida chatarra que abundan en el patio de comidas. Algunos, los menos, venían de compras, otros, los más, paseaban sin destino. Me uní a los sin destino y sucumbí a las delicias de un italiano.

Mientras observaba a este pueblo ávido de consumo, me venían a la mente los ecos de los últimos acontecimientos: el cambio de mando en la presidencia de la república. La sonrisa de nuestra presidenta tras la cual se manifiesta un deseo de hacer bien la tarea encomendada. Su antecesor ha dejado la vara alta. Difícil tarea para la nueva mandataria, llegar a la altura de don Ricardo y continuar la obra emprendida.

Lejos quedan los años en que la dictadura intentó acallar las ansías de libertad de este pueblo. "Se abrirán las anchas alamedas donde pasará el pueblo libre".... aún tenemos tarea por delante para lograrlo. Tenemos democracia y justicia en la medida de lo posible.

Quedan pendientes los cambios profundos en la constitución, mejor reparto de la riqueza, salud para todos, educación para todos.... etc. pero hemos avanzado.

Además nuestra presidenta debe vencer el hecho mismo de ser mujer. Nuestra sociedad machista les ha impuesto siempre un rol secundario: mandos medios, o de bajo perfil, les ha costado salir de donde las pusieron: el hogar y la cocina.

Doble tarea tiene nuestra mandataria, debe demostrar en todo momento que es capaz de llevar el cargo y que tiene las agallas para enfrentar tan duro esfuerzo.

Este designado vocero de las ideas del pueblo, le desea un buen desempeño para beneficio de todos los que paseamos por los mall de Chile.

03 marzo, 2006

 

Agresión infantil

Diariamente me sorprendo con las violaciones a menores por parte de sus propios padres hasta llegar incluso a nacimientos producto del incesto.

Reflexiono sobre las causas de tal crimen no puedo dejar de lado la aceptación de las madres para cubrir, ocultar y aceptar tales aberraciones.

Es probable que sea el terror que sienten por el victimario. O quizá sea que se liberan de ser ellas quienes deben soportar sus caprichos sexuales.

La justicia castiga tales actos cuando llegan a ser descubiertos, pero las raíces que llevan a aceptar vienen de antes.

Esta semana estuve caminando por la calle Exposición. Sentí curiosidad por ver los avances del modernismo de la Estación Central, pero para mi sorpresa queda aún un reducto de los antiguos comercios del viejo barrio. Un pequeño bulevar donde se venden semillas, nueces, quesos caseros, pollitos, gallinas, patos, pavos y conejos...

Me detuve frente al puesto de venta de "roger rabbit". Tres por cinco lucas me pareció un buen precio. Pelé mi billetera de piel de salmón que adquirí en mi último viaje a Puerto Montt, y pagué satisfecho. Recordando que a mi nieta _"pollito"_ no le agradan, le impresionan, pero ahora ella ya tiene su casa y ya no vive conmigo. Los cocinaré a la cazadora.

Me ajusté mis "rayvan" que compré en la feria de Maipú y me dirigí al puesto de quesos caseros, apareció una mamá con una niñita de tres años a lo más de su mano. En sentido contrario un joven de unos treinta años les cortó el paso, pero parecía ser conocido de la mamá. El tipo abrió los brazos queriendo atrapar a la pequeña, la que se resistió defendiéndose con temor de lo que para ella era una agresión, o una invasión. Pero he aquí que la madre contemplaba con aceptación la escena.

Como designado estuve a punto de interpelar al hombre para que soltara a la niña pero me contuvo mi compañera que me acompañaba.

Parecía una escena banal dentro de la bullente vida local, pero mi reflexión quedó dando vueltas en mi cabeza, me pregunto: Porqué esa madre permite que su hija sea "invadida" y que no se respeten sus fronteras y sus gustos. Esa es el tipo de madre que podría aceptar algo más cuando sea mayor solo por temor. Y esa hija se acostumbra a ser invadida ya que su madre acepta como algo natural que se lo haga.

Tenemos mucho que aprender para ser verdaderos padre y madres.

Me alejé meditando por entre las jaulas de pollos pensando en mis conejos a la cazadora, con un sabor a pena por la pequeña en brazos del tipo.

01 marzo, 2006

 

Termina febrero

Me levanté de mi legendario sillón de mimbre reforzado que me compré en uno de mis viajes a Chimbarongo. Lancé con desprecio el control remoto gastado de hacer saping. El dolor de cabeza me acompañó junto a la picantería del Festival. Intenté soportarlo estoicamente, pero no logré tal hazaña.

La decadencia de mi pueblo está llegando a niveles alarmantes. El desprecio por la calidad ha quedado abandonado en algún lugar del desprecio ciudadano.

Rescato a Coco Legrand, que como el buen vino ha mejorado su calidad con el pasar de los años. Crítico social, con un gran poder de observación para captar las características humanas, rematando sus chistes con una gran calidad.

Fuera de eso no resistí más que a José Luis Guerra y José Feliciano, del resto no rescato nada.

Pero es necesaria una reflexión de mi parte para encauzar el pensamiento de quienes me siguen.

Esta decadencia a la que hemos llegado es el producto de tantos años de reírnos con declaraciones falsas del período más oscuro de la dictadura. De tanto escuchar mentiras y anuncios engañosos. Esta generación que nació en esa época creció escuchando falacias que se daban por verdades. Asesinatos por enfrentamientos. Expulsiones por salidas de vacaciones. Denegando Habeas Corpus (20.000 en total), la máxima era "miente, miente, que algo queda"... y quedó.

Claro con tanta manipulación de la verdad esta generación creció con los valores cambiados, es nuestra obligación hacer reflexionar y levantar el nivel de criterio de nuestro pueblo. Dura tarea tenemos por delante.

Esperaré marzo con esperanza para ver el cambio de gobierno a manos de Michel y a Pavaroti que llega a mitad de mes.

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