01 marzo, 2006

 

Termina febrero

Me levanté de mi legendario sillón de mimbre reforzado que me compré en uno de mis viajes a Chimbarongo. Lancé con desprecio el control remoto gastado de hacer saping. El dolor de cabeza me acompañó junto a la picantería del Festival. Intenté soportarlo estoicamente, pero no logré tal hazaña.

La decadencia de mi pueblo está llegando a niveles alarmantes. El desprecio por la calidad ha quedado abandonado en algún lugar del desprecio ciudadano.

Rescato a Coco Legrand, que como el buen vino ha mejorado su calidad con el pasar de los años. Crítico social, con un gran poder de observación para captar las características humanas, rematando sus chistes con una gran calidad.

Fuera de eso no resistí más que a José Luis Guerra y José Feliciano, del resto no rescato nada.

Pero es necesaria una reflexión de mi parte para encauzar el pensamiento de quienes me siguen.

Esta decadencia a la que hemos llegado es el producto de tantos años de reírnos con declaraciones falsas del período más oscuro de la dictadura. De tanto escuchar mentiras y anuncios engañosos. Esta generación que nació en esa época creció escuchando falacias que se daban por verdades. Asesinatos por enfrentamientos. Expulsiones por salidas de vacaciones. Denegando Habeas Corpus (20.000 en total), la máxima era "miente, miente, que algo queda"... y quedó.

Claro con tanta manipulación de la verdad esta generación creció con los valores cambiados, es nuestra obligación hacer reflexionar y levantar el nivel de criterio de nuestro pueblo. Dura tarea tenemos por delante.

Esperaré marzo con esperanza para ver el cambio de gobierno a manos de Michel y a Pavaroti que llega a mitad de mes.

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