03 marzo, 2006

 

Agresión infantil

Diariamente me sorprendo con las violaciones a menores por parte de sus propios padres hasta llegar incluso a nacimientos producto del incesto.

Reflexiono sobre las causas de tal crimen no puedo dejar de lado la aceptación de las madres para cubrir, ocultar y aceptar tales aberraciones.

Es probable que sea el terror que sienten por el victimario. O quizá sea que se liberan de ser ellas quienes deben soportar sus caprichos sexuales.

La justicia castiga tales actos cuando llegan a ser descubiertos, pero las raíces que llevan a aceptar vienen de antes.

Esta semana estuve caminando por la calle Exposición. Sentí curiosidad por ver los avances del modernismo de la Estación Central, pero para mi sorpresa queda aún un reducto de los antiguos comercios del viejo barrio. Un pequeño bulevar donde se venden semillas, nueces, quesos caseros, pollitos, gallinas, patos, pavos y conejos...

Me detuve frente al puesto de venta de "roger rabbit". Tres por cinco lucas me pareció un buen precio. Pelé mi billetera de piel de salmón que adquirí en mi último viaje a Puerto Montt, y pagué satisfecho. Recordando que a mi nieta _"pollito"_ no le agradan, le impresionan, pero ahora ella ya tiene su casa y ya no vive conmigo. Los cocinaré a la cazadora.

Me ajusté mis "rayvan" que compré en la feria de Maipú y me dirigí al puesto de quesos caseros, apareció una mamá con una niñita de tres años a lo más de su mano. En sentido contrario un joven de unos treinta años les cortó el paso, pero parecía ser conocido de la mamá. El tipo abrió los brazos queriendo atrapar a la pequeña, la que se resistió defendiéndose con temor de lo que para ella era una agresión, o una invasión. Pero he aquí que la madre contemplaba con aceptación la escena.

Como designado estuve a punto de interpelar al hombre para que soltara a la niña pero me contuvo mi compañera que me acompañaba.

Parecía una escena banal dentro de la bullente vida local, pero mi reflexión quedó dando vueltas en mi cabeza, me pregunto: Porqué esa madre permite que su hija sea "invadida" y que no se respeten sus fronteras y sus gustos. Esa es el tipo de madre que podría aceptar algo más cuando sea mayor solo por temor. Y esa hija se acostumbra a ser invadida ya que su madre acepta como algo natural que se lo haga.

Tenemos mucho que aprender para ser verdaderos padre y madres.

Me alejé meditando por entre las jaulas de pollos pensando en mis conejos a la cazadora, con un sabor a pena por la pequeña en brazos del tipo.

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