04 julio, 2006
Moneda de cambio
Esta mañana, hermosa y soleada, bastante extraño para un cuatro de julio, día del país de las barras y estrellas, este honorable designado paseaba por Ahumada esquivando los codazos del populacho santiaguino.
Mis pasos me llevaron a buscar un refrescante jugo de naranja-plátano para calmar mi sedienta humanidad.
Entré en un local del sector y tomé asiento. Cerca de mi una pareja discutía en la mesa contigua. No pude evitar escuchar, ella decía:
_No te dejaré ver los niños esta semana....
_Pero, acaso no tengo derecho de verlos? soy su padre...._respondió el joven.
_No! no me cumpliste... respondió ella.
Preferí dedicarme a mi jugo, no necesitaba escuchar toda la discusión para darme cuenta de qué se trataba. La típica separación.
Las dificultades "colaterales" de una separación la sufren los hijos... sobre todo si ellos son pequeños, se usan como moneda de cambio... para chantajear a su "opositor". Estamos lejos de ser civilizados, pensé para mis adentros: Una separación debería ser en buenos términos, partiendo de la idea que esas personas alguna vez se amaron y que unieron sus manos para tomar el camino juntos. Deberían apoyarse en ese momento difícil para ambos. Sin embargo se muestran odio y desean causarle los mayores males al otro.

El resultado es impredecible, se parte la relación con buenas intenciones....
Pero, por qué usar los niños en contra del otro, ellos no deberían ser expuestos en la disputa, no pidieron venir a esta región del mundo. Son usados como rehenes... Ellos necesitan la presencia del padre también, no son propiedad sólo de la madre.
Eso me hizo pensar en mi propia vivencia con mis nietos....
Pedí la cuenta y salí en busca del tibio sol de julio que me iluminó reconfortando mi alma.


